Apenas a casi dos años de haber asumido, la gestión actual enfrenta un desgaste prematuro que desnuda con crudeza la incapacidad de gran parte de la dirigencia política para conducir los destinos del país. Lo que debía ser una etapa de implementación de una nueva política, de planificación de objetivos estratégicos y de generación de confianza en la gestión de gobierno, se transformó en un camino marcado por la improvisación, la falta de coherencia, los insultos, y la ausencia de resultados efectivos para los sectores más golpeados de la sociedad. Este fracaso no es fruto del azar. Durante el último año se advirtió en reiteradas oportunidades, no solamente en este blog, que las decisiones adoptadas carecían de un marco consistente y de un proyecto de Estado capaz de sostenerse en el tiempo. Al contrario el proyecto era sin Estado. Las señales estaban a la vista: políticas contradictorias, promesas incumplidas, prioridades difusas y una alarmante tendencia a gobernar con slogans y agravios más que con hechos. Hoy, a dos años de gestión, esas advertencias se confirman en un escenario de frustración generalizada. Ver informe adjunto.
Una gestión errática: como sigue esta fábula?
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