Informe de Robin Longstride – 12/8/26. El debate sobre la distribución del ingreso suele ser tan polémico que a veces se torna aburrido. Aunque lejos está de ser un juego de niños, por el contrario es lo que más condiciona la vida de futuras generaciones. Aunque eso no evita preguntarse cómo andamos por casa: los datos publicados por INDEC en la Cuenta Generación de Ingreso e Insumo de Mano de Obra son ilustrativos de la paradoja que atraviesa el ciclo económico en la actual coyuntura: datos positivos de crecimiento del producto (relativos) que conviven con regresividad distributiva. El panorama conocido muestra un magro desempeño en materia salarial, sin recuperación de los puntos de poder adquisitivo perdidos. Al mismo tiempo, los balances de las principales empresas de nuestro país dan cuenta de fuertes incrementos de rentabilidad operativa. Este proceso sugiere una transferencia de ingresos de los primeros a los segundos. El informe trata de poner en evidencia esta hipótesis. El PBI del país creció 5% desde 2016. En este periodo la distribución del ingreso para el trabajador empeoró, desde 43% hasta 38%, una calamidad, ya que la diferencia se transformó en ganancia del sector capitalista. Esta creciente disparidad entre ingresos es un problema mundial, no solo local, y que crece a tasas exponenciales (lejos de achicarse se amplía año tras año). Nadie es ajeno a este flagelo que está cambiando el mapa del mundo, como podemos observar en el informe siguiente.
Niveles de desigualdad: todo sigue igual
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