Informe de Mark Wayne Evers – 7/09/26
La existencia de una amplia clase media ha sido históricamente uno de los principales pilares de las sociedades modernas. Durante buena parte del siglo XX, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, el crecimiento económico, la industrialización, la expansión del empleo formal, el acceso a la educación y las políticas de bienestar permitieron que amplios sectores de la población mejoraran sus condiciones de vida.
La clase media no representó solamente un determinado nivel de ingresos. También significó la posibilidad de acceder a una vivienda, educar a los hijos, ahorrar, consumir, obtener determinados bienes y servicios y, fundamentalmente, tener expectativas de progreso. El modelo podía resumirse en una idea: el trabajo y la educación permitían mejorar la situación económica de una generación respecto de la anterior.
En las últimas décadas este mecanismo comenzó a debilitarse. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha señalado que, en numerosos países, los ingresos de los sectores medios crecieron menos que los de los sectores de mayores ingresos, mientras que el costo de bienes esenciales, especialmente la vivienda, aumentó más rápidamente que los ingresos. Además, los cambios tecnológicos incrementaron la incertidumbre sobre numerosos empleos tradicionalmente asociados con la clase media.
Por ello, más que hablar de una desaparición absoluta de las clases medias, resulta más apropiado hablar de una erosión de su posición económica y social, acompañada por una creciente polarización entre los sectores de mayores ingresos y aquellos que dependen exclusivamente de su trabajo.
Una de las principales causas es 1) el aumento de la desigualdad en la distribución del ingreso y de la riqueza. Durante las últimas décadas, una parte importante de los beneficios derivados del crecimiento económico, la innovación tecnológica y los mercados financieros se concentró en quienes poseen capital, empresas, propiedades y activos financieros.
Mientras tanto, muchos trabajadores dependen fundamentalmente de su salario. Esta diferencia es fundamental: quien posee activos puede beneficiarse de la valorización de acciones, inmuebles y empresas, quien depende de su salario necesita que sus ingresos aumenten al menos al ritmo de la inflación y del costo de vida.
La OCDE sostiene que durante aproximadamente tres décadas los hogares de ingresos medios experimentaron un crecimiento débil de sus ingresos o incluso estancamiento en algunos países. Al mismo tiempo, los costos de elementos esenciales del estilo de vida de la clase media, como la vivienda, crecieron más rápidamente que los ingresos.
2) Un segundo factor es la transformación tecnológica. La automatización, la robotización y, más recientemente, la inteligencia artificial están modificando profundamente el mercado laboral. Las tecnologías no necesariamente destruyen todos los empleos: también crean nuevas actividades y aumentan la productividad. Sin embargo, existe una diferencia entre los trabajadores que poseen las capacidades requeridas por la nueva economía y aquellos cuyos empleos pueden ser sustituidos o transformados.
Este fenómeno afecta particularmente a empleos administrativos, industriales y técnicos de calificación media. La OCDE estimó que aproximadamente uno de cada seis trabajadores de ingresos medios se encontraba en empleos con alto riesgo de automatización.
3) Un tercer factor es la globalización productiva. La integración de los mercados mundiales permitió reducir costos y aumentar el comercio, pero también produjo la deslocalización de determinadas actividades industriales hacia países con menores costos laborales. Esto afectó especialmente a regiones industriales de Estados Unidos y Europa.
4) Finalmente, debe considerarse el aumento del costo de la vida. El problema de muchas familias no consiste únicamente en que sus salarios no crezcan, sino en que necesitan destinar una proporción cada vez mayor de sus ingresos a vivienda, educación, salud, transporte y servicios básicos.
El resultado es una paradoja: una familia puede continuar siendo estadísticamente de clase media, pero haber perdido buena parte de la seguridad económica que caracterizaba a ese sector décadas atrás.
La evolución de las clases medias también está vinculada con las decisiones políticas adoptadas por los Estados.
Desde la década de 1980, numerosos países avanzaron hacia modelos económicos caracterizados por una mayor apertura comercial, desregulación de determinados mercados, privatizaciones y una reducción de algunas formas de intervención estatal. Estas políticas tuvieron efectos positivos en determinados aspectos, pero también generaron costos sociales que no siempre fueron compensados.
Un problema central es la distribución de los beneficios del crecimiento. El crecimiento del producto interno bruto no garantiza por sí mismo una mejora equivalente para todos los sectores sociales.
La política tributaria también tiene importancia. Un sistema impositivo que recauda fundamentalmente sobre el consumo y el trabajo puede afectar proporcionalmente más a los sectores medios que uno que grava de manera eficaz las rentas y los patrimonios más elevados.
A esto se suma el debilitamiento de determinadas formas tradicionales de protección laboral. La expansión del trabajo temporal, informal, independiente o de plataformas digitales puede ofrecer flexibilidad, pero también reduce en muchos casos la estabilidad y la capacidad de planificación de las familias.
La Organización Internacional del Trabajo ha advertido sobre la persistencia de importantes desigualdades laborales, la informalidad y las dificultades para conseguir una recuperación socialmente equilibrada de los ingresos.
Existe además una dimensión política particularmente importante: la concentración económica puede transformarse en concentración de poder. Los sectores económicamente más poderosos disponen de mayores recursos para influir en decisiones políticas, instituciones, medios de comunicación y procesos electorales.
De esta manera puede generarse un círculo vicioso: la concentración de riqueza aumenta la capacidad de influencia política y determinadas decisiones políticas pueden favorecer, a su vez, la reproducción de la concentración económica.
La erosión de la clase media tiene una dimensión social que quizás sea todavía más profunda que la económica.
Durante buena parte del siglo XX existió una fuerte expectativa de movilidad social ascendente. Una persona podía imaginar que, mediante educación y trabajo, conseguiría un empleo estable, compraría una vivienda y ofrecería a sus hijos mejores oportunidades.
Esta expectativa se ha debilitado.
La OCDE ha señalado que la movilidad social se encuentra limitada en numerosos países y que el origen socioeconómico continúa teniendo una influencia importante sobre las oportunidades educativas, laborales y de ingresos.
La educación tampoco garantiza actualmente el mismo resultado que en generaciones anteriores. El nivel educativo promedio aumentó, pero en numerosos países tener estudios superiores dejó de ser una garantía suficiente de estabilidad económica3.
Esto genera una nueva característica de las clases medias: la inseguridad.
Una familia puede tener ingresos relativamente elevados y, sin embargo, sentirse vulnerable porque sabe que una pérdida de empleo, una enfermedad, una crisis económica, una inflación elevada o el aumento de la vivienda pueden modificar rápidamente su situación.
La clase media vive entonces entre dos posibilidades: el temor a descender y la dificultad para ascender.
La reducción o debilitamiento de las clases medias tiene consecuencias sobre toda la economía.
1) La primera es la reducción de la capacidad de consumo. La clase media constituye una parte fundamental de la demanda de bienes y servicios. Cuando sus ingresos disponibles disminuyen, se reduce su capacidad para comprar viviendas, automóviles, electrodomésticos, servicios educativos, realizar viajes o emprender nuevos negocios.
2) La segunda consecuencia es la disminución de la capacidad de ahorro. Una familia que destina prácticamente todo su ingreso al consumo básico tiene menos posibilidades de acumular patrimonio. Esto significa que la desigualdad puede reproducirse de generación en generación.
3) La tercera es el crecimiento del endeudamiento. Cuando los ingresos no alcanzan para mantener determinado nivel de vida, muchas familias recurren al crédito. La deuda permite sostener temporalmente el consumo, pero puede transformarse posteriormente en una fuente de vulnerabilidad.
Por estas razones, la OCDE considera que una clase media fuerte es importante no solamente para la cohesión social, sino también para el consumo, la inversión, la educación, la vivienda y el financiamiento de los sistemas de protección social.
Quizás las consecuencias más peligrosas sean las políticas.
Una sociedad con una clase media debilitada puede experimentar una creciente desconfianza hacia las instituciones. Si una persona trabaja, estudia y cumple con sus obligaciones pero considera que su situación económica empeora, puede comenzar a cuestionar el funcionamiento del sistema político y económico.
Esto favorece la aparición de discursos populistas, nacionalistas y antisistema, tanto de izquierda como de derecha.
La propia OCDE ha relacionado el deterioro de las condiciones económicas de las clases medias con el surgimiento de nuevas formas de nacionalismo, proteccionismo, aislamiento y populismo.
También aumenta la polarización social. La sociedad puede comenzar a dividirse entre una minoría con gran capacidad económica y una mayoría que siente que sus oportunidades disminuyen.
Cuando las personas dejan de creer que el esfuerzo permite progresar, se debilita uno de los fundamentos culturales de las democracias modernas: la idea de que el sistema ofrece oportunidades razonablemente abiertas.
La tendencia a la erosión de las clases medias constituye uno de los principales desafíos económicos, sociales y políticos del siglo XXI.
No existe una única causa. El fenómeno surge de la combinación de desigualdad creciente, transformación tecnológica, globalización productiva, cambios en el mercado laboral, aumento del costo de la vivienda y de servicios esenciales, dificultades de movilidad social y decisiones políticas que no siempre lograron distribuir de manera equilibrada los beneficios del crecimiento.
Sin embargo, tampoco debe caerse en una visión simplista. El mundo, considerado en su conjunto, ha experimentado importantes procesos de reducción de la pobreza y expansión de sectores de ingresos medios. El problema es que estos avances conviven con una creciente concentración de riqueza dentro de muchos países y con una pérdida de seguridad económica de sectores que históricamente se consideraban clase media.
El verdadero problema, por lo tanto, no es solamente cuánto gana una persona, sino qué posibilidades tiene de construir un patrimonio, acceder a una vivienda, educar a sus hijos, ahorrar y transmitirles mejores oportunidades.
Una sociedad sin una clase media amplia corre el riesgo de transformarse en una sociedad más desigual, polarizada e inestable. Por el contrario, una clase media fuerte favorece el consumo, la inversión, la movilidad social, la estabilidad política y la confianza en las instituciones7.
El desafío para los Estados consiste, entonces, en lograr que el progreso tecnológico y el crecimiento económico no produzcan solamente más riqueza, sino que permitan que una parte suficientemente amplia de la población participe de ella.
La cuestión central del siglo XXI no será solamente cuánto puede crecer la economía mundial, sino quiénes se beneficiarán de ese crecimiento y si el progreso seguirá siendo una posibilidad real para las generaciones futuras.
Comentarios (2)
Excelente análisis del futuro de la clase media
Excelente análisis del futuro de la clase media